Hasta hace poco, escribir para posicionar era casi una cuestión de método. Keyword principal, algunas secundarias, una estructura correcta y un texto suficientemente largo. Hoy ese enfoque se queda corto. No porque esté mal, sino porque la IA de Google ya no premia solo la corrección, sino la relevancia real. Y eso cambia por completo la forma de escribir.
Ahora el contenido compite no solo con otros artículos, sino con respuestas generadas automáticamente, resúmenes, fragmentos destacados y resultados que ya no necesitan clic. En este contexto, la pregunta clave no es cómo escribir más, sino cómo escribir algo que merezca ser tenido en cuenta.
El cambio silencioso: Google ya no busca textos, busca valor
Uno de los grandes errores actuales es pensar que la IA de Google funciona como un lector tradicional. No lo hace. Analiza patrones, conexiones, profundidad, coherencia y utilidad. No lee línea por línea como una persona, pero entiende si un contenido aporta algo distinto o si es simplemente una versión más de lo mismo.
Por eso tantos artículos “bien hechos” han dejado de funcionar. No fallan técnicamente. Fallan estratégicamente. Son intercambiables. La IA no ignora el contenido correcto, ignora el contenido prescindible.
Escribir para humanos sigue siendo la base (aunque suene contradictorio)
Aunque hablemos todo el tiempo de inteligencia artificial, el punto de partida sigue siendo el mismo: una persona con una duda concreta. La diferencia es que ahora Google intenta anticiparse a esa persona y decidir quién merece aparecer como referencia.
Cuando escribes pensando de verdad en ayudar, en explicar bien algo, en resolver una duda real, estás alineándote tanto con el usuario como con la IA. Cuando escribes pensando solo en posicionar, eso se nota… y se penaliza.
El contenido que mejor funciona hoy tiene algo muy claro: suena humano, no fabricado.
El criterio como elemento diferenciador
Aquí está uno de los puntos más importantes y menos aplicados. La mayoría de contenidos se limitan a explicar qué es algo. Pero la IA ya sabe eso. Y además lo encuentra en cientos de sitios.
Lo que no abunda es el criterio. Es decir, la capacidad de explicar por qué algo importa, cuándo tiene sentido usarlo y cuándo no, o qué errores se cometen habitualmente.
Un contenido con criterio no necesita gritar que es experto. Se nota en cómo explica, en los matices que introduce y en las advertencias que hace. Ese tipo de señales son muy difíciles de ignorar para la IA.
La estructura ya no es solo SEO, es comprensión
Durante años se abusó de estructuras pensadas solo para el algoritmo. H2 cada pocas líneas, listas interminables, subtítulos forzados. Eso hoy pierde eficacia.
La estructura sigue siendo clave, pero con otro objetivo: ayudar a entender el tema de forma lógica. Un buen contenido para la IA suele tener una progresión clara. Empieza contextualizando, desarrolla ideas con sentido y cierra con una conclusión o reflexión coherente.
Cuando un texto parece una suma de bloques independientes, pierde fuerza. Cuando parece una conversación bien ordenada, gana puntos.
Menos listas, más explicación (pero sin eliminarlas)
Las listas siguen teniendo su función. Ayudan a escanear, ordenar y resumir ideas. El problema aparece cuando todo el contenido se apoya en ellas.
Un exceso de bulletpoints transmite superficialidad. Da la sensación de que el tema se ha tocado por encima, sin profundizar. La IA detecta eso con facilidad. Un buen equilibrio sería usar listas solo cuando realmente aportan claridad, y dejar que el peso del contenido recaiga en la explicación, el contexto y los ejemplos.
El lenguaje natural ya no es negociable
La IA de Google entiende cada vez mejor cómo hablamos las personas. Por eso los textos artificiales, cargados de keywords repetidas o frases poco naturales, destacan… pero para mal.
Un contenido que la IA no ignora suele tener un lenguaje fluido, con variaciones, sin obsesión por repetir la misma expresión una y otra vez. Explica como lo haría alguien que domina el tema y quiere hacerse entender.
Curiosamente, cuanto menos intentas “optimizar” el lenguaje, más fácil es que el algoritmo lo entienda bien.
Profundidad no es escribir largo por escribir
Otro error frecuente es confundir profundidad con longitud. Un texto largo pero vacío sigue siendo vacío. Y la IA lo sabe.
La profundidad tiene más que ver con cubrir bien el tema, anticipar dudas y no dejar puntos importantes sin tratar. A veces eso implica escribir más. Otras veces, simplemente escribir mejor.
Un contenido profundo suele responder a preguntas que el usuario todavía no ha formulado, pero que necesita resolver para entender el tema de verdad.
Contextualizar es tan importante como responder
Muchos contenidos van directos a la respuesta sin explicar el contexto. Eso puede funcionar a corto plazo, pero limita el impacto del texto.
La IA valora especialmente los contenidos que ayudan a comprender el porqué de las cosas. Cuando contextualizas:
- Demuestras dominio del tema
- Aportas una visión más completa
- Facilitas que el usuario confíe en la información
Diferenciarse ya no es opcional
Antes bastaba con hacer lo mismo que los demás, pero un poco mejor. Hoy eso no siempre es suficiente. Si tu contenido dice exactamente lo mismo que los diez primeros resultados, ¿por qué debería destacarlo la IA?
La diferenciación no tiene que ser radical. Puede ser un enfoque distinto, una experiencia concreta, una crítica constructiva o una conexión entre ideas que otros no han hecho.
La IA premia los puntos de vista claros. No busca neutralidad absoluta, busca utilidad.
El papel de la experiencia real en el contenido
Uno de los factores más difíciles de imitar es la experiencia. No la que se declara, sino la que se transmite.
Cuando hablas de errores reales, de situaciones habituales, de decisiones que has visto fallar o funcionar, el contenido gana peso. La IA detecta ese tipo de señales porque suelen ir acompañadas de un lenguaje más específico y menos genérico.
No hace falta contar tu vida. Basta con escribir como alguien que sabe de lo que habla.
Escribir para la IA sin pensar obsesivamente en la IA
Esto parece contradictorio, pero es clave. El contenido que mejor funciona suele cumplir algo muy simple: no parece escrito para un algoritmo.
Tiene un hilo narrativo, una voz reconocible y una intención clara. No intenta forzar palabras clave ni cumplir reglas artificiales. Simplemente explica bien algo.
La IA de Google está diseñada para identificar ese tipo de patrones. Por eso, paradójicamente, cuanto más humano es un texto, más posibilidades tiene de destacar.
Qué hace que la IA ignore un contenido
Conviene tenerlo claro para evitarlo. La IA suele pasar por alto textos que repiten lo mismo que todos, que abusan de listas sin explicación o que están inflados sin aportar nada nuevo.
También pierde interés cuando la estructura es caótica, cuando el lenguaje es forzado o cuando no se percibe ningún tipo de criterio detrás del texto. Evitar estos errores ya coloca tu contenido por encima de una gran parte de la competencia.
El futuro del contenido es menos automático y más consciente
Con la proliferación de textos generados en masa, el valor ya no está en publicar rápido, sino en publicar con intención. El contenido que la IA no puede ignorar suele ser aquel que no podría haberse creado sin entender realmente el tema.
No se trata de competir contra la IA, sino de escribir como alguien que piensa, no como alguien que rellena.
Escribir mejor es la mejor estrategia SEO
Al final, todo se resume en algo bastante sencillo. La IA de Google no ignora el buen contenido. Ignora el contenido irrelevante.
Si escribes con claridad, profundidad y un mínimo de criterio propio, estás alineándote con lo que el buscador quiere mostrar. Y, de paso, con lo que las personas quieren leer.
Porque cuando un contenido aporta de verdad, no solo lo tiene en cuenta la IA. Lo recuerdan los usuarios. Y eso, a largo plazo, vale mucho más que cualquier truco de posicionamiento.
